La selección e implantación de una nueva aplicación de planificación es una tarea compleja. El éxito va más allá de adoptar la tecnología más avanzada; implica asegurar que los procesos sean los adecuados, que los datos estén correctamente depurados y que la herramienta esté alineada con las capacidades del equipo de planificación. En mi experiencia, la clave del éxito es el planner: quien gestiona la inversión y ejecuta la estrategia.
Comprendiendo el papel crítico del planner
El éxito de cualquier iniciativa de planificación depende del planner, que se enfrenta a la complejidad de las previsiones, los plazos de aprovisionamiento, los safety stocks, la segmentación, la definición de políticas y la reposición. El planner no es simplemente un usuario de la tecnología, sino un solucionador de problemas, lo que exige un profundo conocimiento del negocio, de las particularidades de la solución y un dominio sólido de las metodologías de planificación. Lamentablemente, la realidad es que la mayoría de los planners nunca reciben formación formal en una metodología y se ven obligados a aprender por su cuenta.
Mi recomendación es clara: más importante que seleccionar una herramienta es elegir una metodología y asegurarse de que todos los planners estén formados en cómo funcionan los procesos y los cálculos que la sustentan.
Encontrar el equilibrio con la tecnología
Aunque las tecnologías avanzadas, totalmente configurables y basadas en IA, resultan muy atractivas, su incorporación debe abordarse con cautela. La IA puede aportar perspectivas de gran valor, pero no he visto que sustituya por completo al planner. Añadir tecnologías excesivamente complejas a un problema que ya es de por sí complejo dificulta su mantenimiento y puede derivar en un escenario de caja negra, en el que los planners terminan ignorando el sistema al no comprender los resultados, independientemente de la elegancia o precisión de los modelos matemáticos que lo sustenten.
Mi recomendación es clara: a la hora de elegir una herramienta, el foco no debe ponerse en la tecnología más sofisticada o configurable, sino en dotar a los planners de una tecnología adecuada que potencie sus capacidades sin abrumarlos y, lo más importante, que les guíe a lo largo del proceso y les proporcione un acceso sencillo a toda la información que necesitan.
Un regreso al pragmatismo en la planificación
Las tecnologías disponibles para la planificación de la supply chain evolucionan a un ritmo vertiginoso. Sin embargo, a la hora de seleccionar herramientas, las empresas deben adoptar un enfoque pragmático. El éxito pasa, ante todo, por hacer bien los fundamentos. El enfoque debe comenzar con la elección de una metodología y la formación de los planners. A partir de ahí, la herramienta seleccionada debe permitir a los planners, de forma sencilla: (1) identificar y corregir datos erróneos, (2) seguir un proceso estructurado, (3) ajustar con precisión los parámetros de las políticas y (4) acceder a toda la información necesaria para tomar la mejor decisión.
Una vez que estas bases estén consolidadas, un proceso que puede llevar meses o incluso años, será el momento de incorporar IA y mayores niveles de reconfigurabilidad, ya que solo entonces los planners estarán realmente preparados.
Mi recomendación es clara: el verdadero valor de la tecnología no reside en su nivel de sofisticación o configurabilidad, sino en su capacidad para integrar los datos de forma fluida con los procesos existentes y capacitar a los planners para seguir un proceso acordado y tomar decisiones de calidad cada día. Este tipo de soluciones son mucho más difíciles de desarrollar que simplemente añadir una capa de IA llamativa.
Think flow,
Kevin Boake





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